viernes, 18 de diciembre de 2009

APLAUSOS

Subes al vagón de metro y los pasajeros comienzan a aplaudirte. Gente sentada con el periódico doblado sobre sus rodillas. Un niño con impermeable amarillo y expresión cansada. Dos señoras mayores que sonríen cálidamente mientras asienten con la cabeza. Todo el mundo aplaudiendo de ese modo pausado y teatral que elimina cualquier sospecha de ironía. La joven universitaria con una diadema en la cabeza. El nigeriano que sostiene un racimo de bolsos falsificados entre sus piernas. Esa forma de aplaudir que obliga a los actores a salir una y otra vez a saludar al público desde el escenario. Subes al vagón de metro y eres agasajado con una ovación opresiva que te obliga a bajarte en la siguiente parada.

viernes, 11 de diciembre de 2009

BELÉN VIVIENTE

El joven interpreta a un pastor en un belén viviente. Lo hace por dinero. Cinco horas de pie, inmóvil, con un cordero de cartón sobre sus hombros. Una expresión desprovista de emociones en su rostro mientras recibe los flashes de las cámaras de los turistas. Y el belén viviente es tan verosímil que hasta el Niño Jesús es un bebé de verdad. Un bebé que se mueve y llora y mordisquea la paja con la que está fabricada su cuna. Un bebé cuyo rostro comienza a amoratarse cuando los trocitos de paja forman una bola letal que bloquea su garganta. Y el joven que ni siquiera pestañea cuando el rey Melchor grita que alguien llame a una ambulancia. Mientras el Mesías se tiñe de violeta como una remolacha y pone los ojos en blanco. Mientras el Niño Jesús muere por asfixia en los brazos de una Virgen María que ni siquiera es su auténtica madre.

domingo, 6 de diciembre de 2009

SINÓPSIS II

"El extraordinario caso del hombre iguana" (Nicolai Gardner, 1977); color; 178 min.

Un solitario empleado de correos (Eric S. Milton) cae en una profunda depresión cuando la iguana que tiene como mascota fallece por causas naturales. Incapaz de deshacerse del cadáver del animal, decide conservarlo sobre una de las baldas de su frigorífico. Los signos de descomposición comienzan a ser evidentes una semana después. Burbujeantes costras sobre la piel de la iguana, diminutos gusanos que entran y salen de sus cuencas oculares, hedor a muerte. Un espectáculo de putrefacción que comienza a extenderse por todo el contenido del frigorífico. Frutas preñadas de microbios y trozos de queso del color de las varices que el solitario empleado de correos engulle sin mostrar un mínimo atisbo de sentido común. Demasiado deprimido y angustiado como para darse cuenta de que toda esa comida que apesta a iguana muerta supone un potencial peligro para su salud. Y es entonces cuando comienza la transformación. Las ronchas de tono verdoso en su pecho, las uñas de los pies desprendiéndose con facilidad. Una especie de pus negro y cremoso que le llena la boca. El empleado de correos –que está convencido de que su cuerpo está siendo utilizado como recipiente por el alma de su mascota muerta- comienza a comportarse como un reptil. Recorre el pasillo a cuatro patas, emite sonidos siseantes con cara de loco, vegeta tumbado en posición fetal dentro de una bañera vacía. Todo un despliegue interpretativo filmado con cámara en mano que conduce al final de la película, donde se revela que la supuesta metamorfósis de hombre a iguana no es más que una devastadora infección de tres pares de cojones que acaba con la cordura y después con la vida del solitario empleado de correos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

SIGLOS

Cada mañana, como por arte de magia, un nuevo elemento decorativo aparece en algún rincón de tu casa. Vives solo. Nunca has entregado una copia de tus llaves a nadie. Aunque parezca extraño, no pareces preocupado por el hecho de que alguien haya entrado en tu hogar para realizar las modificaciones. No te sientes amenazado. Tu forma de enfrentarse a un hecho inexplicable es ignorándolo. Un reloj de diseño barroco sobre la cómoda, jarrones de porcelana indudablemente caros, candelabros, una silla dorada con respaldo de terciopelo rojo, espejos, una enorme alfombra. Asistes a una silenciosa mutación decorativa llevada a cabo por un agente desconocido con un gusto mezcla de victoriano, rococó y Luis XIV. El televisor de plasma sobre un buró ornamentado a mano. Los libros de Ken Follett sustituídos por viejos tomos de medicina forrados con piel. La vitrocerámica que da paso al horno de leña. La chupa de cuero mutada en casaca con intrincada botonería. Una nueva sorpresa estética cada mañana. Los óleos, las cortinas gruesas dignas de un palacio, un mayordomo. Un puto mayordomo. Y sólo falta que desaparezcas tú para que el siglo XXI sea expulsado de tu casa definitivamente.

viernes, 27 de noviembre de 2009

BREVE HONGO ILUSTRADO



Una terrible enfermedad ósea obliga a la niña a dormir suspendida sobre potentes ventiladores.

Ilustración de Jonathan Millán.