Carolina, 22 añitos. Pechugona y cariñosa. Francés con y sin condón. Surtido de máscaras y cabezas de cartón de fantasía. Envuelvo mi cuerpo con papel de aluminio y dejo que me hagas fotos con el móvil mientras camino sobre unos zancos. Masaje erótico completo con sanguijuelas y agua hirviendo. Beso en la boca. Te recibo en lencería, acunando a un bebé REAL con insuficiencia respiratoria. También me desplazo a tu domicilio con carruaje del siglo XVIII. ½ hora, 60 euros. Posibilidad de sesión completa de 24 horas incluyendo dramatizaciones (pedir presupuesto). Acepto tarjetas de crédito y heroína. Sólo caballeros solventes.
lunes, 18 de mayo de 2009
sábado, 16 de mayo de 2009
EL CIERVO
Más cosas encerradas dentro de otras cosas. Esta vez es una enorme tarta falsa en una despedida de soltero. Una de esas tartas de cartón donde se suele ocultar una stripper. Un grupo de jóvenes, frentes perladas de sudor, los cerebros atontados por el alcohol y la excitación de interpretar la entrada de la tarta sobre una tarima con ruedas como un inminente número érotico. Pero no es una stripper lo que encierra la tarta. Es un ciervo. Un ciervo que rompe el cartón con su intrincada cornamenta y gime encabritado bajo la luz del salón privado del restaurante. Ni siquiera da tiempo a sentir miedo. Sólo puedes contemplar los movimientos estéticos del ciervo desembarazándose de la tarta. La elegancia y el cuello fibroso y el diseño caótico pero majestuoso de los cuernos. El patético grupo de jóvenes con las pollas semierectas y alguna especie de verdad primigenia reflejada en el rostro satánico del animal.
jueves, 14 de mayo de 2009
OLVÍDATE DEL PONI
Cada cinco de Marzo, el padre –que ahora vive a miles de kilómetros, en una pequeña ciudad de Suecia- envía un monumental regalo de cumpleaños a su hijo en un intento de compensar una mal disimulada despreocupación. Desde que sus padres se separaron, la camioneta de UPS llega cada año al jardín y un repartidor vestido de color marrón entrega la ofrenda. Esta vez, el regalo es un poni. Nada más y nada menos que un poni. La fantasía erótica de cualquier niño de doce años. Así que la madre firma el albarán que le tiende el señor de marrón y el niño da saltos de alegría mientras contempla al poni como si este fuese un espejismo. Pero –obviamente- algo realmente inquietante comienza a suceder. El poni se convulsiona, incapaz de sostenerse sobre sus cuatro patas. Los ojos en blanco, espuma densa que brota de su boca. El poni que cae de costado sobre el cesped y un cuchillo que, desde dentro, empieza a seccionar su estómago. El niño aferrado a las faldas de mamá con la palabra “terror” dibujada en la frente. Y un brazo, después un cuerpo, que sale con dificultad desde la enorme raja practicada en la panza del animal. El padre. El padre totalmente impregando de sangre y fluidos y trozos de cosas repugnantes. Sorpresa. Este es el regalo. Olvídate del poni. Yo soy el regalo.
miércoles, 13 de mayo de 2009
sábado, 9 de mayo de 2009
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